La renegociación imposible, capítulo del libro ‘Disparos a la paz’. Juan Fernando Cristo y Guillermo Rivera.

La renegociacion de los acuerdos de paz.

11 de agosto 2019.

Los minutos siguientes a la consolidación de los resultados electorales de ese 2 de octubre que confirmaron la derrota del Sí en el plebiscito transcurrieron entre el silencio, los murmullos en los pasillos, el desconcierto y el llanto. El Presidente desapareció por poco tiempo y después se sentó en su escritorio de un pequeño estudio en la casa privada del Palacio de Nariño. Allí, convocado por Santos, llegó el equipo negociador del acuerdo de paz.

Nadie tenía un plan B, no existía ningún libreto, y el jefe de Estado, siempre tranquilo y sereno, mostraba una profunda tristeza y desconcierto.

En sus pocas palabras iniciales confesó que jamás había esperado un resultado así, antes de asegurar que las mentiras en la campaña habían producido mucho daño y que la tormenta en la Costa nos había afectado.

Con admirable talante democrático expresó claramente que había que reconocer la derrota rápido y de pronto, en forma sorpresiva, advirtió que la mejor decisión en ese momento para preservar la paz era que él se hiciera a un lado para permitir que el vicepresidente asumiera la conducción del país y salvar el acuerdo. La reacción generalizada en el salón fue de rechazo a la idea.

Él cavilaba, preguntaba y contemplaba opciones a la que sin duda era la mayor crisis en sus más de seis años de mandato.

Paz polarizada.

Mientras tanto, De la Calle y Jaramillo, por instrucciones presidenciales, se comunicaron telefónicamente con los jefes de las Farc. Timochenko e Iván Márquez, obviamente, no salían de su asombro y expresaron su decisión de continuar en el proceso y conversar con el gobierno sobre el futuro del acuerdo.

Esa actitud tranquilizó un poco el ambiente y la incertidumbre ante una eventual reactivación armada de la guerrilla en los puntos de concentración. Al mismo tiempo, el empresario Gonzalo Restrepo conversaba con amigos de Uribe, quienes celebraban con el expresidente en Rionegro su victoria.

El jefe indiscutible del No esperaba que el presidente Santos saliera a admitir la derrota para pronunciarse (…) Los contactos entre distintos actores del gobierno y los promotores del No continuaron esa noche, y, a la mañana siguiente, los titulares de todos los medios de comunicación de Colombia y el mundo señalaban con asombro que la paz había perdido en Colombia y se percibía gran incertidumbre sobre el futuro de los acuerdos y de las propias Farc (…).

Muy temprano, el lunes, como ministro del Interior responsable de la política, aunque sin tener funciones concretas en la campaña plebiscitaria, presenté en privado mi renuncia al Presidente, y de forma inmediata, él la descartó con el argumento de que una crisis adicional a la que teníamos era lo último que necesitaba.

Ese mismo día, De la Calle anunció públicamente su renuncia, que fue rechazada por Santos con la misma lógica. Sin duda estaba muy golpeado, pero comenzaba a trazar estrategias y para ello quería contar con todo su equipo y dedicarse exclusivamente a buscar salidas a la crisis y no nuevas caras para el gobierno.

La renegociacion de la paz.

El presidente Santos decidió llamar directamente a Uribe, quien no contestó el teléfono y luego, con grabación de video incluida para el show mediático, llamó a pedirle cita a Santos

(…) Finalmente, el presidente Santos decidió llamar directamente a Uribe, quien no contestó el teléfono y después, con grabación de video incluida para el show mediático, el jefe del CD llamó a Santos a “pedir” una cita. Se acordó una reunión de ambos equipos de gobierno y del No el miércoles 5 de octubre en la Casa de Nariño para discutir salidas a la situación.

La reunión en la sala de crisis del Palacio de Nariño fue tensa y difícil. Tuvo como el gran protagonista a Uribe, quien se extendió en el uso de la palabra para presentar un memorial de agravios contra el acuerdo y contra la propia campaña del plebiscito, que consideró desigual por falta de garantías.

Santos escuchó con atención, paciencia y respeto todas las acusaciones e intentó buscar salidas hacia adelante al plantear directamente la posibilidad de una renegociación del acuerdo con los partidarios del No, que incluyera a las Farc.

Además, expresó la disposición del gobierno para que uno de los voceros del No participara en una nueva ronda de conversaciones con las Farc en La Habana. A esa propuesta, Uribe respondió en forma negativa, con el argumento de que la responsabilidad de la negociación era única y exclusivamente del presidente y su equipo.

Paradójicamente, semanas después, el CD solicitaría formalmente ese espacio en la mesa, y el gobierno se mostró dispuesto, siempre y cuando la otra parte aceptara. Las Farc rechazaron.

(…) Se acordó que a partir del día siguiente se iniciarían conversaciones entre ambas partes para revisar el texto final del acuerdo de paz y las modificaciones a este con base en las preocupaciones y críticas de los partidarios del No. (…) Alejandro Ordóñez, Marta Lucía Ramírez, Iván Duque, Óscar Iván Zuluaga, Carlos Holmes Trujillo, Rafael Guarín, Diana Sofía Giraldo, Sofía Gaviria, Hervin Hoyos, Rafael Nieto, Claudia Rodríguez de Castellanos, entre otros, acompañaron a Uribe en las largas sesiones. (….)

Tras varias semanas de reuniones intermitentes y ante las diferencias conocidas por la opinión pública, con el presidente decidimos convocar públicamente al ministerio del Interior el día 27 de octubre para avanzar en las conversaciones tras una semana sin contactos. Al comienzo, la reacción del No fue dura, pero después entendieron que no asistir a la cita para hacer un último esfuerzo era una mala señal a los colombianos.

Finalmente, con Iván Duque y Carlos Holmes Trujillo acordamos que la reunión no se haría ese jueves 27 sino el sábado 29 en la sede del ministerio.

(…) Desde ese sábado nos concentramos más de 12 horas diarias a discutir las propuestas de modificación de cada sector del No. Punto por punto, en la sala de juntas del ministerio del Interior se repasó el acuerdo de manera detallada y exhaustiva. Todo iba a una matriz muy completa que manejaba la oficina de Sergio Jaramillo con absoluto rigor y disciplina.

De esa manera, entre almojábanas y pan de yuca que comíamos todo el día y que Uribe reclamaba con buen sentido del humor, se avanzó en casi todos los temas que generaban las diferencias más profundas, incluidos los relacionados con desarrollo rural, funcionamiento de la JEP, penas alternativas, restricción efectiva de la libertad, circunscripciones de paz, reincorporación, estatuto de oposición, entre otros. Se contabilizaron más de 58 modificaciones sustanciales.

La disputa de la paz.

Vale la pena mencionar entre las más importantes, que además se mantuvieron al final a pesar de frustrarse el acuerdo, las siguientes:

– Derecho a la propiedad privada. Se reiteró que “nada de lo establecido en el acuerdo debe afectar el derecho constitucional a la propiedad privada”.

– Catastro Multipropósito. Se definió claramente que lo haría la autoridad competente por ley y no participarían las comunidades. Los del No tenían temor a la influencia de las Farc en la población rural de algunas zonas.

– Se excluyó a las Farc de la Comisión de Garantías de Seguridad y se reemplazaron por tres expertos y dos integrantes de las plataformas de derechos humanos

– Se obligó a las Farc a presentar como organización un inventario de bienes con destino a la reparación de sus víctimas.

– Se decidió, a solicitud de las iglesias cristianas, reconocer expresamente en el acuerdo a las víctimas de estas comunidades, garantizar la libertad de cultos y disminuir la expresión “enfoque de género” a lo largo del texto, porque, según ellos, se podía interpretar como ideología de género.

– Se estableció que el acuerdo no se incorporaba en su integridad al bloque de constitucionalidad.

– Se definieron los componentes de restricción efectiva de la libertad tales como libertad de residencia y movimiento que sean necesarios para su ejecución, con un monitoreo y supervisión por parte de la misma JEP.

Quedaron de consultar con Uribe durante el día y nos veríamos a las 4 nuevamente en la reunión (…) a la que pedimos respetuosamente que no llevaran tanta gente

– Se dejó claro que el Estado no renunciaba a la fumigación área para combatir los cultivos de uso ilícito, aunque se privilegiaba la sustitución social de estos.

(…) Ellos insistían en su tesis de que en Colombia no teníamos un conflicto armado, sino una amenaza terrorista enfrentada por el Estado. Esto por no aceptar una realidad que no se desprendía del acuerdo de paz sino de la ley de víctimas vigente desde el 2011.

La pregunta era entonces obvia: si para ellos el conflicto armado no existió, ¿cómo podía ser posible llegar un acuerdo para el fin de un inexistente conflicto?

La segunda diferencia, esa sí de carácter práctico y respecto a la participación política de los miembros de las Farc que se acogieran a la Jurisdicción Especial de Paz, radicó en que ellos debían contar la verdad y reconocer su responsabilidad.

Veamos. En el acuerdo se abre la puerta para que todos los integrantes de las Farc puedan ejercer la política y ocupar curules en el Congreso y demás corporaciones públicas, incluso aquellos que cometieron crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad.

Una decisión difícil, controvertida, que contó invariablemente con el rechazo de la mayoría de la población. Sin embargo, era indispensable para cerrar el conflicto, en la medida en que los jefes de las Farc alegaban que ellos no dejarían las armas para quedar inhabilitados políticamente.

(…) Tras la dificultad de cuadrar las tres patas de la mesa de la negociación, surgió una última opción. Acordamos con De la Calle y Jaramillo convocar una reunión más pequeña de los equipos del Sí y el No. Se programó en la oficina de De la Calle con Uribe, Zuluaga, Duque y Holmes.

Nos encontramos muy temprano en la mañana de manera confidencial, pero no llegó Uribe. Obviamente, el jefe se reservó como última instancia frente a cualquier decisión. Tuvimos más de tres horas de discusiones tranquilas y profundas hasta llegar a un principio de acuerdo.

Anunciaríamos al país un nuevo acuerdo de paz con numerosas modificaciones sugeridas por los del No, y el gobierno reconocería públicamente su actitud patriótica y conciliadora y la mejoría sustancial del nuevo texto frente al suscrito en Cartagena.

Se precisaría que ellos se oponían a que los integrantes de las Farc con crímenes de lesa humanidad y de guerra pudieran ser congresistas antes de cumplir sus penas. Con esta salvedad, el CD tendría una bandera política para el 2018, pero el acuerdo se salvaría.

Nunca sabremos que pasó entre las 10 de la mañana y las 4 de la tarde de ese día, pero lo cierto es que cuando llegó la hora de la reunión no aparecían los del No

Quedaron de consultar con Uribe durante el día y nos veríamos a las 4 nuevamente en la reunión formal en el ministerio el Interior, a la que pedimos respetuosamente que no llevaran tanta gente que pudiera dificultar la concreción de este consenso que considerábamos crucial para la paz y en el propósito de superar la polarización en el país. Inmediatamente informamos a Santos de la reunión, quien se mostró complacido por la que consideraba una extraordinaria noticia.

Nunca sabremos que pasó entre las 10 de la mañana y las 4 de la tarde de ese día, pero lo cierto es que cuando llegó la hora de la reunión no aparecían los del No.

Luego llamaron desde el Club de Ejecutivos a solicitar la asistencia de todos sin excepción al ministerio del Interior.

En ese momento asumimos que se había enredado de nuevo la situación, como en efecto Uribe nos comunicó en la última reunión formal de ese cónclave en la que, en una posición inusualmente dura frente a su actitud anterior, retrocedió en las discusiones y nos manifestó que el gobierno no había querido aceptar las propuestas más importantes del No y por eso consideraba imposible un acuerdo. Solicitó un receso de pocos minutos para revisar una declaración final y al regresar a la sala de juntas reiteró que no había condiciones para avanzar.

Muy poco duró esa última reunión en La Giralda y quedamos muy aburridos. La emoción de un eventual acuerdo nacional en torno a la paz se esfumó en pocas horas. Para nosotros quedó claro que en la decisión final del No privilegiaron su interés en ganar las elecciones del 2018, como en efecto sucedió, antes que construir un consenso en torno a la paz que, para muchos sectores radicales del CD, les restaría posibilidades electorales en la contienda presidencial (…)

A pesar de que ese mismo día se anunció al país la imposibilidad de un acuerdo, continuamos las conversaciones por separado con los distintos sectores del No, tal vez ilusionados, de manera ingenua, en que algunos moderados como Marta Lucía Ramírez, quien pregonaba su independencia frente a Uribe, tomarían la decisión se sumarse al texto de un nuevo acuerdo. Al final, ninguno se salió de la foto con Uribe, porque todos aspiraban a ser el candidato ungido por el expresidente para el 2018.

Fuente: https://www.eltiempo.com/politica/proceso-de-paz/disparos-a-la-paz-libro-de-los-exministros-cristo-y-rivera-399666

Publicado por:

Horacio Duque

August 12

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