Medios de comunicación, periodismo y paz. Fabio López de la Roche.

17.06.2019.

Medios de comunicación ¿tienen responsabilidad con la paz?

¿Cuál ha sido la relación entre los medios y el conflicto en Colombia? ¿Qué posición han asumido frente a la paz? ¿Han sido críticos con los gobiernos de turno?

Periodismo y conflicto armado.

En lo que va corrido del siglo XXI, Colombia ha vivido importantes transformaciones políticas.

Entre 2002 y 2010, Álvaro Uribe adelantó su política de “seguridad democrática” con resultados militares notables en contra de las FARC: (1) las expulsó de Cundinamarca, frustrando cualquier pretensión de entrada triunfal a Bogotá, al estilo de la de Fidel y sus barbudos a La Habana en 1959; y (2) en el resto del territorio nacional, las golpeó fuertemente con el Plan Patriota y otras acciones territoriales.

Sin embargo, Uribe no las pudo derrotar y las FARC retomaron la vieja guerra de guerrillas con pequeñas unidades móviles.

Juan Manuel Santos tomó distancia de la “seguridad democrática” y reconoció la existencia de un conflicto armado interno. Por eso optó por la negociación con las FARC, que culminó exitosamente en los diálogos de La Habana. Finalmente, tras el triunfo del No en el plebiscito del 2 de octubre de 2016, el Congreso refrendó el Acuerdo de Paz.

Sin embargo, el triunfo del No dejó un vacío de legitimidad, y muchos adoptaron la tesis de que Santos les “había hecho conejo”. Pero esa posición es parcializada y mentirosa por varios motivos:

No considera el amplio respaldo que tuvo la paz en distintos escenarios: la movilización juvenil del 5 de octubre que exigía “¡Acuerdos ya!”, la multitudinaria marcha de las regiones y de las comunidades indígenas del 12 de octubre en apoyo de los acuerdos, y el otorgamiento del Nobel de la Paz a Juan Manuel Santos el viernes 7 de octubre, como expresión del respaldo de la comunidad internacional.

La tesis del “conejo” olvida también que Santos convocó a los líderes del No y a las FARC para renegociar los acuerdos, y que se incorporaron cambios sustanciales a la versión inicial.

Además, la refrendación de la paz no solo pasó por el Congreso, sino también por la Corte Constitucional.

En las últimas semanas, varios episodios han mostrado que el periodismo colombiano no ha sido ajeno a esas transformaciones políticas en torno al conflicto armado y a la paz:

Darío Arizmendi —representante de un periodismo oficialista y obsecuente con el poder— se retiró de su cargo como conductor de Caracol Radio;

Claudia Gurisatti —cuyo delirante uribismo contribuyó a la caída del rating de su canal— será reemplazada como directora de Noticias RCN;

Y Daniel Coronell volverá a la Revista Semana, luego de haber sido expulsado por denunciar que la revista había engavetado la investigación por falsos positivos revelada por el New York Times.

Por eso, vale la pena preguntarse cuál ha sido la relación de los medios de comunicación con la política colombiana en los distintos momentos de su historia reciente.

 “Seguridad democrática” y medios hegemónicos.

Uribe le cumplió a su electorado con los resultados militares anteriormente mencionados.

Entonces, los medios de comunicación hegemónicos amplificaron la euforia nacionalista. El pico de esa euforia fue la Operación Jaque, en la que se liberó a Ingrid Betancur, y su apoteósica celebración el 20 de julio de 2008.

Con esa imagen, Uribe se “embolsilló” a un amplísimo sector de la opinión que estaba desilusionado con la paz del Caguán, y su pésima conducción por el presidente Andrés Pastrana. Además, Colombia estaba hastiada del secuestro, la extorsión y la interferencia sistemática de la guerrilla en las grandes carreteras.

La apuesta de comunicación política de Uribe fue siempre negar la existencia de un conflicto armado.

Esos resultados militares y una buena situación económica derivada en parte del crecimiento de la inversión extranjera favorecieron “una buena prensa” sobre el gobierno Uribe. Los medios hegemónicos adoptaron una posición favorable al Gobierno y respaldaron la seguridad democrática.

Consciente de la impopularidad de las FARC, Álvaro Uribe —que es un extraordinario comunicador y propagandista de masas— adoptó un potente discurso de “nacionalismo antifariano” que produjo una visibilidad inequitativa de las víctimas y los victimarios.

En ese discurso, los victimarios por excelencia fueron las FARC y las víctimas fueron exclusivamente las víctimas de ese grupo guerrillero.

Una autoridad política mal usada.

Entonces, Uribe abusó de la autoridad que había ganado en su exitosa lucha contra la insurgencia, y utilizó su poder político y simbólico para estigmatizar a la oposición liberal y de izquierda: a Rafael Pardo lo acusó de ser miembro de las FARC; y a León Valencia y a Gustavo Petro de “guerrilleros vestidos de civil”.

El Gobierno Uribe también usó su autoridad para espiar y perseguir a periodistas opositores —como Hollman Morris, Claudia Julieta Duque y Daniel Coronell— y a las altas Cortes y los magistrados —como Iván Velásquez— que investigaban a los parapolíticos, entre ellos a su primo Mario Uribe.

Durante esos años, los medios organizaron por lo menos siete grandes campañas en contra de las FARC, haciendo eco de la posición del Gobierno. Entre ellas, estuvo la movilización “Un millón de voces contra las FARC” del 4 de febrero de 2008, y la “Caravana Motorizada Internacional por la Libertad de los Secuestrados”, promovida por Herbin Hoyos.

En contraste, la única campaña contra los paramilitares y sus crímenes fue la liderada por el senador Iván Cepeda y el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), en marzo de 2008. El objetivo de esta campaña fue visibilizar a “las víctimas del paramilitarismo, la parapolítica y los crímenes de Estado”.

La apuesta de comunicación política de Uribe fue siempre negar la existencia de un conflicto armado interno y en su lugar hablar de una “amenaza terrorista” de las FARC. En ese discurso, el Gobierno rebajó la responsabilidad de los paramilitares y desconoció cualquier responsabilidad de los actores institucionales.

Uribe buscó una “paz de vencedores”, y eso implicaba derrotar militarmente a la guerrilla y atribuirle toda la responsabilidad por el daño y las víctimas de la crisis humanitaria.

Las voces críticas.

Pero no todo en los medios fue un respaldo a Uribe y su Gobierno. La revista Semana y la revista Cambio, así como muchos columnistas de El Espectador y El Tiempo denunciaron los abusos gubernamentales, entre los cuales estaban:

A muchos periodistas y medios de comunicación les faltó estudio, investigación, independencia.

las “chuzadas” o interceptaciones telefónicas ilegales a magistrados, periodistas y políticos de oposición;

la “Yidispolítica” o compra de votos parlamentarios para aprobar la reelección de Uribe en 2004;

el escándalo por los subsidios millonarios de Agro Ingreso Seguro a familias pudientes, a cambio de apoyos electorales;

y las desapariciones extrajudiciales o “falsos positivos”.

El expresidente Uribe utilizó como estrategia de comunicación negar.

Durante ese período, el columnista Javier Darío Restrepo fue expulsado de El Colombiano por denunciar Agro Ingreso Seguro, y la revista Cambio —bajo el liderazgo de Rodrigo Pardo y María Elvira Samper— fue cerrada por el grupo Planeta por el mismo motivo, con el interés del grupo editorial de obtener el tercer canal de televisión.

Polarización en la era Santos.

Después del plebiscito y la refrendación de la paz, la mayoría de los medios terminaron polarizados, al igual que la sociedad colombiana.

Algunos medios, como Noticias RCN, abusaron de la libertad de prensa y convirtieron la profesión periodística en un espacio subordinado al Centro Democrático, y en una herramienta de adoctrinamiento político de su audiencia.

A muchos periodistas y medios de comunicación les faltó estudio, investigación, independencia y formación de un criterio propio sobre la paz en Colombia. Pero también les faltó estudiar otros procesos de paz en el mundo: los procesos de memoria y verdad en Europa, Centroamérica, Perú, Suráfrica, Ruanda, Indonesia y otras sociedades. Eso era necesario en una sociedad tan parroquial como la colombiana, con una pésima información sobre temas internacionales.

Frente a una figura como la del expresidente Uribe —que aprovecha diariamente su autoridad para desinformar, mentir y descalificar las decisiones de la justicia—, muchos periodistas no solo no ejercen un necesario control, sino que reproducen su discurso intolerante.

Por ejemplo, el 9 de abril de 2017, cuando se celebraba el Día de las Víctimas, más de treinta víctimas estaban en el Congreso en espera para hacer uso de la palabra. El expresidente Uribe solicitó intervenir, y al respondérsele que debía esperar su turno, salió indignado hacia la Plaza de Bolívar, rodeado de un enjambre de cámaras y micrófonos de decenas de medios de comunicación, ante los cuales expresó que el que le hubieran impedido hablar ratificaba que “vivimos bajo una dictadura civil”.

Abajo la dictadura civil.

El expresidente agregó que él quería subrayar que los recursos públicos para las víctimas no estaban llegando a ellas. Ningún periodista fue capaz de recordarle su poca autoridad moral para hablar de los derechos de las víctimas, cuando fue él quien hundió durante su gobierno la propuesta de una Ley de Víctimas.

En nuestra actual coyuntura política, el periodismo debe asumir su tarea con ponderación, entereza y valor civil. Es necesario que los periodistas hagan una crítica argumentada, y no visceral, para hacer contrapeso a las diatribas diarias en contra del proceso de paz, las altas cortes y la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

También es necesario que los medios hagan pedagogía para que la ciudadanía entienda que en asuntos de paz es necesario construir sobre lo construido, y que la JEP, la Comisión de la Verdad y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas son instituciones absolutamente indispensables para sincerarnos con nosotros mismos, y para rectificar nuestro curso político y nuestro norte ético como sociedad.

* Historiador, Ph.D. en Literatura y Estudios Culturales, University of Pittsburgh, USA, coordinador del Centro de Pensamiento en Comunicación y Ciudadanía Universidad Nacional de Colombia.

Fuente: https://www.razonpublica.com/index.php/econom-y-sociedad-temas-29/12060-medios-de-comunicacion-periodismo-y-paz.html

Publicado por:

David Macias

June 17

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