La violencia en el Cauca contra los indigenas. Horacio Duque.

Demencial la violencia contra las comunidades indigenas del Cauca.

La violencia en el Cauca contra las comunidades indígenas es atroz y demencial. Estamos en medio de la “paz violenta” de Duque, Uribe y su grotesco Ministro de la Defensa. El Observatorio de Paz del Valle del Cauca pone a disposicion de sus usuarios las opiniones y propuestas del Analista politico caucano Fernando Dorado.

La guerra en el Cauca requiere la presencia de Cuerpos Armados de Paz de la ONU. Fernando Dorado.

Viernes, 01/11/2019.

Enviar otros 2.500 efectivos militares al Norte del Cauca es lo único que se le ocurre a Duque. Frente a una guerra de exterminio, en donde una masacre se sucede a otra, enviar más tropa sin tener una coordinación con la población, no significa nada. Y para las comunidades indígenas, campesinos negros y mestizos, no representa nada nuevo sino más de lo mismo. Es una guerra ajena en donde ellos colocan los muertos.

Situaciones extremas requieren soluciones extremas. La Paz –está más que demostrado en todo el mundo y en todos los tiempos– solo se hace y se defiende con armas. Frente a una guerra irregular impuesta por grupos armados bajo la dirección del Cartel de Sinaola, que aplica nuevas estrategias de exterminio y/o de sometimiento forzado, los indígenas con bastones y actos de buena fe (movilizaciones, comunicados, llamamientos a la paz) no lograrán ninguna solución.

De acuerdo a la forma como actúan estos grupos ex-farc, se constata que hay una nueva orientación, que es una práctica de los carteles mexicanos. Se trata de aterrorizar al conjunto de la población, impedir su desplazamiento, comprar y cooptar gente con dinero, declararse narcotraficantes sin ningún rubor, y mostrarse como otro poder frente al Estado pero sin ninguna connotación política. Es decir, puro y sucio negocio armado y sanguinario.

Y para las comunidades de la región, especialmente para el movimiento indígena, un ejército oficial, dirigido por terratenientes e infiltrado por narcos, no es ninguna garantía para su supervivencia y para resolver el problema de los cultivos de uso ilícito y de la violencia que está aparejada a esa realidad económica-productiva (coca, marihuana).

Por ello me atrevo a plantear las siguientes propuestas para enfrentar una situación tan extrema y crítica, que a corto plazo no tiene salida sin el concurso general de la población.

Se requiere que el pueblo nasa y campesino de la región, establezcan una alianza pública con el Estado y el ejército, bajo las siguientes condiciones:

a) Militarización de la región con presencia activa de cuerpos armados de paz de la ONU, para supervisar la acción del Estado y de la Guardia Indígena, Campesina y Negra;

b) Armamento general, provisional y temporal, de las Guardias Indígenas, Campesinas y Negras, y entrega de logística de comunicaciones y transporte a amplios sectores de la población a manera de una milicia de base;

c) Financiación de un programa urgente de erradicación de cultivos de uso ilícito (que debe ser obligatoria) y de programas de sustitución de cultivos de uso ilícito, incluyendo paquetes de compensación a las familias cocaleras. Ello debe incluir financiación de proyectos productivos de transformación y procesamiento de las materias primas y acceso a mercados internacionales para vender nuestros productos (única garantía de rentabilidad).

d) Y en todo evento, en todos los escenarios, plantear lo que se dice en el último párrafo de mi anterior artículo: “Está visto y comprobado que mientras exista la política de prohibición de la droga (cocaína, heroína, opio, marihuana, etc.), es decir, mientras no se acabe el incentivo artificial que hace que ese negocio sea tan rentable, nuestros pueblos se van a ver sometidos por más altos niveles de violencia, corrupción, delincuencia organizada, y connivencia estatal, que es utilizada a la vez, como estrategia política y económica para mantener a la población atemorizada y controlada.”1

El principal argumento que se presenta contra el punto b), o sea, el de armar a las “Guardias Populares”, consiste en decir que es un gran peligro, que se puede repetir y generalizar el fenómeno de las “auto-defensas” que fueron la base del paramilitarismo. A dicha prevención habría que responder con los siguientes argumentos:

– En realidad los grupos paramilitares nunca fueron “auto-defensas” de verdad. Las Convivir, base inicial del paramilitarismo, fueron grupos armados privados, mercenarios pagados por las mafias y por los para-políticos, y apoyados por sectores del ejército. Solo se apropiaron del nombre de “auto-defensas” pero siempre fueron grupos privados y mercenarios.

– Es necesario que la población indígena y campesina de la región sea armada a través de sus Guardias Indígena, Campesina y Negra, en forma temporal y provisional, para impedir que la gente se arme en forma espontánea y desordenada (como ya seguramente está ocurriendo), y también, es una forma de presión al gobierno y a la ONU. De lo contrario, el Estado no cumplirá nada, la ocupación militar se quedará por siempre en el territorio, los pueblos entregarán y perderán su autonomía y, los cultivos ilícitos nunca serán erradicados ni sustituidos.

El reciente y fracasado “proceso de paz” es más que una demostración de esa verdad.

1[1] ¿Santander de Quilichao y el Cauca se convertirán en el Culiacán y el Sinaloa colombianos?: https://cutt.ly/OenFrBG

Fuente: https://www.aporrea.org/ddhh/a283957.html

¿Santander de Quilichao y el Cauca se convertirán en el Culiacán y el Sinaloa colombianos?. Fernando Dorado.

28 octubre, 2019

Lo que ocurre en el último período de violencia en el Norte del Cauca es consecuencia de que el llamado Cartel de Sinaloa se decidió a utilizar de frente a las llamadas “disidencias de las Farc” y a otros grupos armados ilegales que actúan en la región, para aterrorizar a la población y derrotar al movimiento indígena que le declaró desde hace varios años la guerra al narcotráfico y a la minería ilegal.

En el período anterior a la desmovilización del grueso de las Farc no se había visto un nivel de violencia como el que actualmente se ha desencadenado. A pesar de que la guerrilla fariana actuaba como la “policía rural” de los narcos y cometió graves crímenes contra el pueblo nasa, su discurso y posición política le impedían realizar las masacres que ahora las “disidencias” están realizando bajo la orientación y financiación de los narcos mexicanos, que son sanguinarios y no respetan ni se paran ante nadie ni nada.

La masacre de Tacueyó realizada ayer es su última acción. Asesinaron a la Gobernadora del Cabildo, Cristina Bautista, a 4 integrantes de la Guardia Indígena, dejaron heridos otros 5 comuneros y aterrorizada a la población de esa vereda, corregimiento y región. Pero la seguidilla de atentados y asesinatos lleva varios meses. La anterior fue la masacre de la candidata a la Alcaldía de Suárez, Karina García, su familia y sus guardaespaldas, pero vienen cayendo decenas de dirigentes indígenas y campesinos que se destacaban por su lucha y resistencia ante los poderes externos que quieren someterlos a su voluntad e intereses.

Los carteles mexicanos no son nuevos en Colombia. Actúan como intermediarios entre los narcotraficantes colombianos y el mercado estadounidense desde los tiempos en que los grandes capos de Colombia se dividieron y enfrentaron entre ellos (Cartel de Medellín y Cartel de Cali), y los pequeños jefes que surgieron en las regiones (Pereira, Tuluá, Cartago, Tumaco, Buenaventura, Urabá, Catatumbo, etc.) decidieron dejarle el gran negocio de “saltar el charco” (pasar la droga a EE.UU.) a sus  socios mexicanos para tratar de esquivar la extradición y no exponerse tanto. Por ello se conformaron solo con las ganancias de la producción y participar de un porcentaje del negocio y tráfico global.

Para los grandes terratenientes dueños de los ingenios azucareros, los políticos de derecha enemigos de los indígenas y para muchos mandos del ejército oficial, que seguramente reciben incentivos por dejar que el negocio de la droga florezca en Colombia, la confluencia de intereses entre el Cartel de Sinaloa y otros carteles mexicanos, con los grupos armados de la región y del país, no es ningún problema. Voltean a mirar para otro lado y se regocijan con la campaña de exterminio indígena y popular que se desarrolla ante los ojos de todos los colombianos, que anestesiados con el dinero del narcotráfico que irriga todos los negocios y llega a los bancos y supermercados de las grandes ciudades, también nos hacemos los locos creyendo que esa matanza se va a quedar en las montañas del Cauca.

Pronto Santander de Quilichao, Popayán o Cali, se convertirán en las nuevas Cualicán de Colombia, y el Cauca, Nariño y Valle, serán el Sinaloa de este país. Entonces, ya será muy tarde para reaccionar y los gobiernos tendrán que hacer lo que ya hace el presidente López Obrador en México, o sea, a nombre de la paz y la reconciliación dejar que los grandes capos gobiernen ciudades y regiones con ejércitos de mafias armadas hasta los dientes.

Está visto y comprobado que mientras exista la política de prohibición de la droga (cocaína, heroína, opio, marihuana, etc.), es decir, mientras no se acabe el incentivo artificial que hace que ese negocio sea tan rentable, nuestros pueblos se van a ver sometidos por más altos niveles de violencia, corrupción, delincuencia organizada, y connivencia estatal, que es utilizada a la vez, como estrategia política y económica para mantener a la población atemorizada y controlada.

¡Y los narcos y los bancos, hacen la fiesta!

Fuente: https://www.sur.org.co/santander-de-quilichao-y-el-cauca-se-convertiran-en-el-culiacan-y-el-sinaloa-colombianos/

Publicado por:

Horacio Duque

November 02

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